Obesidad y trasplante renal

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Desde 2006, el segundo jueves del mes de marzo, se conmemora el Día Mundial del Riñón. Desde ese año, en alusión a la fecha se llevan a cabo diversas Campañas, a nivel mundial, con el fin de concientizar sobre la importancia de la salud renal, para reducir la frecuencia, el impacto de la enfermedad y sus problemas de salud asociados en todo el mundo. Este año, el eje de la Campaña se centra en la educación sobre las consecuencias negativas de la obesidad.

La Obesidad

La obesidad se define como una acumulación excesiva de grasa corporal, que genera grandes problemas de salud (diabetes, hipertensión arterial, trastornos cardiovasculares y enfermedad renal crónica entre otros). 
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad se presenta cuando el índice de masa corporal (IMC) del adulto supera los 30 kg/m2. Puede afectar tanto a hombres como a mujeres de cualquier raza, nacionalidad o estrato social.
La obesidad es también un problema actual de salud pública en muchos países y tiene una tendencia creciente, generando altos costos socioeconómicos y una disminución en la esperanza de vida, estimándose que a nivel mundial en el año 2016 existían más de 700 millones de personas obesas.
La obesidad es un factor de riesgo significativo para generar enfermedad renal crónica (ERC), dado que aumenta la probabilidad de desarrollar los dos factores de riesgo más importantes para la ERC como son la hipertensión arterial y la diabetes. Asimismo, tiene un impacto directo en el desarrollo de la enfermedad renal misma, ya que, en las personas obesas, los riñones deben filtrar una mayor cantidad de sangre para alcanzar las demandas metabólicas de un mayor peso corporal. 
En el trasplante, la obesidad es un factor de mayor riesgo tanto para el donante renal como para el receptor del órgano.
 
Donante obeso

La obesidad severa (IMC >35) es una contraindicación para la donación, al estar asociada con un mayor riesgo quirúrgico y de desarrollo de ERC a largo plazo. 
La obesidad entre 30 y 35 de IMC (o diámetro de cintura >82 cm en mujeres o >102 cm en hombres) es una consideración relativa, sobre todo si se asocia a otros factores de riesgo como hipertensión, glucemia basal alterada en ayunas o antecedentes familiares de diabetes y la presencia de albuminuria (pérdida de proteínas en orina). Siempre debe advertirse al potencial donante de su posible mayor riesgo a largo plazo y orientarlo para que consiga la máxima reducción de peso antes de la intervención y la mantenga después indefinidamente mediante cambios en sus hábitos de alimentación y actividad física.

Receptor obeso

Los pacientes obesos receptores de un trasplante renal, pueden presentar mayores probabilidades de complicaciones quirúrgicas, que conducen a una disminución en la sobrevida del injerto, independientemente de la supervivencia del paciente.
A largo plazo, la obesidad es un factor que aumenta la filtración renal, lo cual se traduce en proteinuria (pérdidas de proteínas en orina) y aumento en la creatinina (valor de laboratorio para estimar la función renal), constituyendo un factor relevante no inmunológico que condiciona la duración del órgano implantado.
Lo recomendable es llevar a cabo el trasplante cuando el receptor se encuentre lo más cerca de un peso ideal.

Campaña 2017

Este año, la Campaña del Día Mundial del Riñón promueve la educación sobre las consecuencias negativas de la obesidad y su asociación con la enfermedad renal, destacando la importancia de un estilo de vida saludable y de las políticas sanitarias que hacen accesible una conducta preventiva.
Nuestra Institución, constituida por un equipo integral de salud con una amplia trayectoria en trasplante, se adhiere a esta Campaña destacando la importancia de un estilo de vida y pautas de alimentación saludables.

Servicio de Nefrología Hospital Privado de Comunidad